Las mujeres que inspiran a otras mujeres a tomar carreras en STEM


Por: Anne Loomis Thompson, Ingeniera Principal de Investigación de Software

A la mitad de mi carrera universitaria, tuve una crisis de identidad. La primavera estaba en el aire en Hanover, New Hampshire, y mis compañeros de clase se alistaban para el famoso período conocido como Sophomore Summer de Dartmouth. La mayoría de ellos pasaría mucho de ese tiempo en el Río Connecticut, o en excursiones, o en paseos en bicicleta en la granja orgánica de Dartmouth. Pero yo no. Algo le faltaba a mi vida intelectual. Estudiaba inglés y me encantaba lo que aprendía, pero sentía que necesitaba algo más, algo diferente. Después de pasar mi receso de primavera en un estado de ansiedad, tuve una especie de epifanía. Era la ciencia. Extrañaba la ciencia.

Siempre me gustaron las matemáticas y la ciencia, y fui sobresaliente en las dos áreas. Me encantaba balancear ecuaciones en química durante la escuela secundaria, ayudé a mi profesor de cálculo en la escuela en los meses previos al examen AP y me encantaba razonar sobre los patrones del clima a partir de los primeros principios en la clase de ciencias de la tierra que tomé en mi primer año de escuela. Reconectarme con este gusto estableció una continuidad con una vida previa. Hacía sentido para mí.

Anne Loomis Thompson – Ingeniera principal de investigación de software

De regreso al campus para el período de verano, y con una nueva dirección de vida por seguir, comencé a recorrer de manera ansiosa el catálogo de los cursos para lo que sería mi regreso a la ciencia. Entonces encontré Ciencias de la Ingeniería 31: Electrónica Digital en el Escuela Thayer de Ingeniería de Dartmouth, clase impartida por la profesora Linda Wilson.

Pasé mi verano en aprender sobre la teoría de conmutación clásica y en la construcción de circuitos en el laboratorio. Me fascinó la ordenada lógica del álgebra booleana y la complicada composición de operadores lógicos a partir de simples puertas AND, OR o NOT. Me encantó maquetar circuitos y cablear piezas que se encendían cuando oprimías un botón. Me fascinó razonar a través de los pasos cuando no me salían bien las cosas para encontrar cuál era el problema, y luego descubrirlo para corregir. (Cabe mencionar que, aún como alumna de inglés, también escribí un poema ese verano que rimaba “esencia” con “filamento que ardía”).

Mientras estaba en el laboratorio y despertaba mi lado nerd, sucedió algo aún más sorprendente. La NASA puso el primer robot en Marte. Y apareció mi segunda epifanía en cuestión de meses, hice la conexión débil para los otros, pero muy clara para mí, ¡Con lo que ahora aprendo podría hacer eso también! Apareció una explosión de emoción en mi cabeza. Escribí una carta a la jefa del Laboratorio de Robótica de Dartmouth, la profesora Daniela Rus, que ahora es directora del CSAIL (Laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial) en el MIT, y le pregunté si podía trabajar en su laboratorio. Me dio un trabajo del tipo estudio-trabajo que solidificó mi camino hacia una carrera en ciencias de la computación.

Llegamos al día de hoy, y puedo decir que tengo el trabajo más increíble del mundo. Soy ingeniera de software en Microsoft Research AI, trabajo en proyectos a través de la pila de inteligencia artificial, desde infraestructura a herramientas para implementar nuevos métodos en instrumentos de aprendizaje automático. Trabajo con algunos de los principales investigadores e ingenieros del mundo en inteligencia artificial y aprendizaje automático, y aprendo de ellos todos los días. No podría estar más emocionada sobre la tecnología que construimos y el potencial que tiene para resolver algunos de los problemas más grandes del mundo.

Para hacer una reflexión con el pasado Día Internacional de las Mujeres y Jóvenes en la Ciencia, no pude evitar notar que dos de los principales jugadores en mi camino de carrera profesional fueron mujeres técnicas que apoyaron e impulsaron mis intereses. Lo que me haya alejado en un principio del camino STEM, Wilson como Rus, mis dos profesoras en la universidad, consiguieron regresarme a él. Investigaciones muestran que la motivación, participación e incluso el interés percibido de las mujeres en STEM, es incrementado si tienen otra mujer en sus grupos de trabajo. Eso hace mucho sentido para mí. Aunque he tenido la suerte de contar con muchos mentores increíbles – tanto mujeres como hombres – en el curso de mis 20 años en ciencias de la computación, entré en esto en primer lugar debido a que esas mujeres lideraron el camino.

Esta experiencia y muchas otras son parte del por qué un increíble equipo de cofundadores, junto conmigo, creamos un grupo llamado Mavens, que se basa en una sólida historia de grupos de mujeres dentro de Microsoft Research y que tiene una misión por seguir, conectar e inspirar a las mujeres dentro de los grupos de investigación de la división de IA e Investigación de Microsoft. Somos conscientes de que al reunir a las mujeres para compartir nuestras ideas y entusiasmo por la tecnología nos ayudará a superar obstáculos, seguir en este camino y crecer nuestras carreras en conjunto. Sabemos que nuestro involucramiento es necesario para construir hoy la mejor tecnología que podamos. Y sabemos que es crítico construir la fuerza laboral diversa e inclusiva que necesitamos para crear tecnologías futuras que enfrenten las variadas necesidades de los diferentes tipos de personas en nuestro siempre cambiante mundo.

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