Cómo diseñar una vida mejor


Sacar provecho de las situaciones difíciles

Vaz Rosario recuerda su entrevista telefónica con Microsoft como si fuera ayer.

El teléfono sonó, y ella tuvo que apurarse a salir de su casa en Mayaguez, Puerto Rico para tomar la llamada porque dentro se encontraba su bebé en llanto. Mientras cerraba la puerta por el ruido y caminaba hacia el patio, los pollos empezaron a acercarse y a piar por comida. Entre espantar a los pollos hambrientos y al mismo tiempo intentar razonar para responder las preguntas de la entrevista, Vaz tuvo pocos minutos para imaginar que esa llamada podría ser un momento decisivo en su vida.

Los consejeros de su escuela le habían dicho que había buenos empleos en computación, y si estudiaba duro sin rendirse podría tener una mejor vida para ella misma y para su familia. Pero hasta ese momento en su patio, su “mejor vida” era algo hipotético.

Y estaba lista para eso.

‘Quería repararme de la misma manera en la que veía a mi papá reparar cosas’

Vaz nació en Arecibo, Puerto Rico, pero cuando sus padres se divorciaron, se mudó a Connecticut para vivir con su madre por un breve tiempo. En ese lugar, fue atacada de manera sexual, y después de sólo ocho meses, regresó a Puerto Rico para vivir con su padre. Se transformó de una vivaz niña de prescolar, a una niña retraída y triste.

La joven Vaz se convirtió en la cuidadora de dos pequeños medios hermanos y de manera crónica, se volvió una madrastra depresiva. Tenía que encargarse del hogar y experimentar abuso cuando no cumplía con sus obligaciones. Para cuando tenía nueve años, ella estaba sumergida en una gran depresión.

“Cuando tenía 10 años, ya había intentado quitarme la vida un par de veces,” ella resalta, con una voz suave, “Apenas pude sobrevivir. Quise repararme de la misma manera en la que veía a mi padre reparar cosas”.

Su padre era un ingeniero amable pero ausente que trabajaba largas horas en reparaciones de equipo de maquinaria. A Vaz le impresionaba ver cómo su padre podía tomar artículos rotos u obsoletos y de alguna manera convertirlos en algo que funcionara.

“Recuerdo que pensaba, ‘desearía poder hacer eso con mi vida,’” ella dice.

Su padre, a pesar de ignorar su estado emocional, comenzó a notar su interés en las computadoras y la animó a estudiar más.

Las computadoras llegaron a ella de manera natural, pero Vaz era un desastre en la escuela. El constante estrés en casa le dificultaba poder concentrarse. Entre los 12 y 14 años, Vaz bebía demasiado, no entraba a clases, y buscaba pleitos con otros estudiantes por el simple hecho de pelear.

Recuerda haber tenido varias conversaciones con sus consejeros escolares, quienes se preocupaban por ella. Pero no fue hasta que cumplió los 14 que todo lo que decían la hizo reaccionar.

“La consejera me ayudó a darme cuenta de que si continuaba en ese camino y abandonaba mis estudios, jamás saldría de esa situación,” ella dijo. “Ella me ayudó a ver que yo valía más que eso.” Vaz sintió que volvió a nacer y que estaba lista para un cambio.

Su consejera sugirió que Vaz se concentrara en sus intereses: las matemáticas y las computadoras.

Y después, cuando tenía 16 años se enfrentó a otro importante momento decisivo de su vida: su embarazo.

A pesar de las desalentadoras circunstancias en casa, Vaz no se dio por vencida en la escuela. “No quería que mi hijo tuviera el mismo tipo de vida que yo tuve, así que intenté aplicarme”, ella dice. Aquí, Vaz celebra la graduación de su preparatoria con su madre, hermano, esposo, suegra y su hija de 6 meses de edad.

Aunque se iba a convertir en una madre adolescente. Vaz no estaba lista para abandonar su reciente interés por la tecnología. Había empezado a involucrarse con los videojuegos, “sólo para refrescar mi cabeza,” ella recuerda. Pero cuando se dio cuenta de que estaba embarazada, tomó las cosas más en serio para encontrar una mayor motivación y perseguir una carrera en ingeniería en cómputo.

“No quería que mi hija tuviera el mismo tipo de vida que yo tuve, así que intenté aplicarme,” ella dice.

Era su primer año en la preparatoria. Tenía un bebé en camino y estaba casada con el padre de su bebé. (Ahora llevan casados 15 años.) Vivían de la asistencia social y de tener múltiples trabajos; la pareja tenía que pagar sus deudas de manera alternada con el fin de pagar el teléfono un mes, y al siguiente los servicios públicos.

A pesar de ser una madre y esposa joven, Vaz no abandonó la escuela. Su duro trabajo permitió que la Universidad de Puerto Rico en Mayaguez la aceptara. (Ella bromea acerca de su buen puntaje SAT, ya que fue la segunda más alta del distrito ese año, y atribuye su éxito al hecho de ser dos personas quienes realizaron la prueba, ella y el bebé en su vientre).

Seis años de escuela y dos bebés más tarde, Vaz se graduó de la carrera de ingeniería en computación.

Con tres niños y casi nada de dinero, le tomó seis años a Vaz ganarse un título universitario en ciencias de la computación. En esta foto ella tiene 23 años con su esposo y sus tres hijas: Vivi, Viera y Laliz (seis, cuatro y 16 meses de edad, de manera respectiva).

Los reclutadores de Microsoft tomaron nota.         

La primera vez que tuvo una entrevista con Microsoft, Vaz llegó a Seattle emocionada pero enferma de gripe. No le fue muy bien. Ella recuerda que un empleado sintió compasión por ella al ver que temblaba por la fiebre y se veía muy mal.

“El tercer entrevistador me ayudó a conseguir medicinas y me permitió tomar una siesta, y aún me sentía mal” ella dice, “Me sentí como un fracaso.”

No obtuvo el empleo, pero no iba a darse por vencida.

Un año después, Microsoft la llamó de nuevo y empezó con otra ronda de entrevistas para una posición diferente. Esa entrevista fue la llamada que obtuvo en aquel patio trasero rodeada de pollos hambrientos.

Pasó la entrevista. Unos meses después, en julio de 2008, ella y su familia de seis (también tenía la custodia de su hermano menor) se mudaron a Redmond.

La redefinición del éxito

Nueve años y varias promociones después, Vaz se sienta en su oficina de Redmond, ve una impresión pegada en su ventana que dice “10 estrategias para la inclusión,” y los dibujos de sus hijas que decoran las paredes. Ella resalta el momento en que una maestra la hizo entrar en razón.

Ella explica que la mentora no sólo la ayudo a dar un giro a su vida en torno a tener una carrera; también dejó una marca en Vaz que ha llevado en toda su vida profesional.

“Quiero tener conversaciones a un nivel personal que tengan impacto a nivel profesional,” ella dice.

“Es muy simple; digamos que trabajamos juntos en un proyecto y yo noto que pasas por un mal momento en casa. Eso se va a mostrar en tu desempeño. He aprendido a tomarme el tiempo sin importar el retraso que implique para el proyecto, para saber dónde están las personas y lo que sucede a su alrededor.”

Justo como aquella mentora, Vaz intenta ver más allá del comportamiento de las personas y en lugar de eso ver su valor. Ella cuenta la analogía de un billete de $100: “Si ven un billete arrugado y retorcido con sólo el número uno que se logra asomar, tal vez no lo quieran tomar, ya que pensarían que es un billete de un dólar. Pero si se vuelven un poco más curiosos y lo levantan, verán que es uno de 100”, ella dice.

Aquella mentora ayudó a Vaz a ver que había mucho más cosas para ella, que su comportamiento mal guiado en aquellos momentos. Ella aplicó esa analogía para su propio valor.

“Me di cuenta que el valor de algo o alguien nunca cambia” sin importar lo que otras personas ven.”

Estas fundamentales creencias combinadas con la resiliencia que ha generado con todo el duro trabajo que hace, permean en todo lo que hace, desde hablar con niñas jóvenes en Ignite hasta su estilo gerencial. Siempre busca poder brindar una mano para ayudar, en gratitud para aquellos que la ayudaron en su vida.

En la actualidad, ella está a cargo de un equipo de ingenieros de servicio quienes son responsables del Microsoft IT Hosting Services en todo el mundo.

Vaz Rosario narra su éxito en Microsoft, “Nada de esto es mi definición de éxito en la vida. Mi definición de éxito es tener una familia sana y estable. Podría limpiar o barrer para ganarme la vida; no me importaría siempre y cuando tengamos una relación próspera y confiable en casa.”

Vaz también ha sido aceptada en un programa ejecutivo emergente para líderes de TI hispanos y tiene la mirada fija en tener roles ejecutivos, pero no considera la movilidad corporativa como su objetivo último.

“Nada de esto es mi definición de éxito en la vida. Mi definición de éxito es tener una familia sana y estable. Podría limpiar o barrer para ganarme la vida; no me importaría siempre y cuando tengamos una relación próspera y confiable en casa.”

“Cuando empiezo a molestarme por algunas cuestiones de mi vida, mis tres niñas [ahora de 10, 13 y 15 años] dicen, ‘No te preocupes mamá. Eres muy importante en Microsoft,’ Yo les digo, ‘¡No, no lo soy!’ ¡Sin embargo, no importa nada de eso!’” Ella dice.

“¡Esto! Esto es lo que me importa,” Ella dice mientras señala con énfasis a una foto familiar de ellos juntos, vestidos para la boda de un amigo.

A pesar de que ella no se ve a sí misma como algo importante como la ven sus niñas, Vaz se ve a sí misma como una conquistadora.

“Si surge un nuevo reto, no me asusto. Tuve que aprender a temprana edad que los obstáculos no dejan de aparecer. Así que comienzo a sacar provecho de ellos.”

Es por eso que los retos, tales como la entrevista telefónica con los pollos hambrientos y bebés llorando, no ponen a prueba su confianza. Durante la entrevista, le preguntaron acerca de bases de datos y cuya respuesta no supo contestar de manera inmediata, pero con seguridad dijo, “No tengo la respuesta, pero la encontraré.”


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