Las batallas del abuelo


No, no todo es tecnología, así que tomemos un descanso. Seguro que breve ;-).


No se a vosotros, pero a mi cada vez me parecen mas interesantes las famosas “historias del abuelo” que todos hemos oído alguna vez, sin prestar demasiada atención. No sé si será la edad, (o OpenXML de nuevo ;-)), pero cuando cae en mis manos cualquier libro, historia, documento que ilustra cómo era la vida hace unos cuantos años (no muchos) justo en estas calles y ciudades que pisamos hoy en día, a veces puede ser sobrecogedor.


Mi padre siempre me contó como por la Calle Zurbano, en Madrid, donde mi familia paterna sobrevivía como podían la guerra y posguerra antes de ser evacuados a Valencia, los chavales se las ingeniaban para sobrevivir por esas calles cercanas al Colegio de Ingenieros, que transitamos hoy en día tan tranquilamente de evento en evento. Calles cargadas de historia, triste, gris, pero real.  Historias de como cocinaban las mondas de patatas o las lentejas con “bicho” (que alimentaban mas…). Mi padre tampoco insistía demasiado en relatar a sus hijos como fue la vida en esos momentos, quizá como sobreprotección. Quizá empeñado en que sus hijos tuvieran la infancia despreocupada que a él se le negó. No sé.


Yo he nacido en Madrid, de padres y abuelos de Madrid, y casualmente ha caído en mis manos un pequeño libro llamado “Calle Ancha de San Bernardo”, escrito por Antonio Huertas, un vecino de portal  de mis abuelos maternos en la Calle San Bernardo. Edificio antiguo, con pisos interiores, ascensor de cabina vista a través de una reja de forja, protagonista frecuente de sueños y pesadillas de la mayoría de vecinos, y que aun hoy en día permanecen en pié, como testigo casi mudo de historias personales y familiares, tan mundanas, como en ocasiones funestas.


Nací y crecí en esa casa de la Calle San Bernardo, por lo que las historias de preguerra, guerra y postguerra que el libro relata, me llenaban de emociones a medida que avanzaba en su lectura, por transcurrir en escenarios reales muy identificables por mí, muy cercanos y existentes en mis recuerdos de infancia, aunque lógicamente pertenecientes a otra época.  


Aquel portal, aquella casa, aquella iglesia semiderruida de enfrente, y como no, aquella entrañable abuela que ya no está, y esa ciudadanía que sufrió y peleó literalmente por cada trozo de pan que llevaban a casa de forma heroica. La población de Madrid (al igual que muchas otras) vivió la guerra de forma dramática, con una población civil extenuada, presa del hambre, de enfermedades malditas y estigmatizadas como la tuberculosis y sufridora de continuos bombardeos durante tres largos años.


El libro relata, desde una perspectiva puramente humana y apolítica, algunos detalles que al autor le toco vivir de chaval, que sobrecogen y ponen los pelos de punta. Leer una historia tan directa, tan poco interpretada, tan mundana y cotidiana, como brutal, ha sido un auténtico deleite. A modo de ejemplo, hay un episodio en una carnicería cercana (creo que existe aun hoy), que fue escenario de la caída de un obús que trituró literalmente a las personas (madres, niños etc..) que aguardaban cola ante el rumor de que ese día podrían comprar algo de pollo. Ahorraré detalles. El autor y su madre pudieron sobrevivir gracias simplemente a la casualidad. “Tranquila Maria, que cuando oyes el obus, es que ya ha pasado. El que quizá acabe contigo, no le oirás“.  


O el episodio de la pareja de monjas buscando refugio en el portal de nuestra casa, a la espera de encontrar una calle despejada.


En fin, los que hemos tenido la suerte de nacer y crecer en un periodo de paz como el de los nacidos en nuestra generación en España, a pesar de todos los problemas más o menos importantes, no debemos olvidar que no hace mucho las cosas no eran así, y que hoy en día tan solo hay que echar un vistazo a algún país no muy lejano, o prestar atención a las historias de nuestros mayores, para entender que el sufrimiento causado por guerras en la población civil, nunca tiene ni tendrá justificación.


 

Comments (8)

  1. Anónimo dice:

    Echaba en falta una opción que me mostrara todos los post que llevo hasta el momento, año y pico, de

  2. Maligno dice:

    Creo que este tipo de textos, en estas fechas nos ayuda a unirnos todos. Gracias Héctor por aprovechar tus dotes para la escritura (que las tienes y buenas cabronazo) para compartir un poco lo que has sentido con esta historia y transmitirnos un poco de las sensaciones que te dejó.

  3. Yo dice:

    Tu mejor post, sin duda alguna

  4. Josu dice:

    Ojalá no tengamos que sufrir de nuevo una experiencia parecida. Que aunque nuestra generación no vivimos la guerra ni la posguerra, sí sufrimos sus consecuencias a largo plazo.

  5. Pasaba por aquí dice:

    Que post mas lindo. Y que razón tenes. No hay que ir lejos para ver que no hemos avanzado demasiado desde entonces.

  6. macmarc dice:

    Feliz año a todos, muy buen post Hector

  7. elazotedelosignorantes dice:

    Muy bueno, muy bueno, muy bueno.

    Cómo reconforta saber que, aparte de la tecnología a la que muchos, muchos le dedican mucho tiempo, todavía hay gente que cultiva su yo interior, el que da al patio de luces.

    Pues nada, Héctor, ánimo a tope que este año que entra seguro que te lo vamos a seguir poniendo difícil.

    En cualquier caso un abrazo fuerte y sigue vistiéndote la armadura que la guerra, lejos de acabarse, no ha hecho más que comenzar…

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